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Reflexiones de lunes por la mañana. Tras un fin de semana rico en debates, en el que surgió una demanda de mi posicionamiento sobre la iniciativa Podemos y la implicación de Pablo Iglesias, me he encontrado con este discurso sobre el liderazgo, del propio Pablo Iglesias.

Video: “¿Necesitamos líderes?”

Esto puede servir para explicar por qué no soy tan crítica con la iniciativa “Podemos” y con que Pablo Iglesias se “abandere” como líder. Aunque también me genere pavor el personalismo de un tipo que le encanta mirarse al espejo.

Su reflexión es una declaración de intenciones basada en un análisis de la figura de líder comunicativo en la política que surge “desde abajo y a la izquierda” (citando al Subcomandante Marcos). Se trata de una estrategia interesante y efectiva, en el sentido de llegar a un amplio espectro de población. Gente que no tiene una trayectoria activa en su proceso de responsabilidad política y acepta el sistema electoral (como parte del proceso o como única vía de participación, eso ya a decisión propia).

Mi cuestionamiento frente a esto, gira entorno al entendimiento del concepto de liderazgo y al riesgo del personalismo político. Para ello intentaré explicarlo desde mi conocimiento sobre zapatismo.

Yo me enamoré del zapatismo gracias a la pluma del Sup. La manera de construir formas y discursos políticos complejos, contextuales, emocionales y analistas es increíble. Comprendes el problema, la raíz. Las soluciones parecen evidenciarse cuando el germen del conflicto es desvelado. Sin embargo, el zapatismo no es Marcos. Marcos es el escriba, el líder mediático, el guía comunicativo. Alrededor de esa piedra angular se despliega un complejo tejido de dignidad y espíritu de lucha popular.

El pueblo se lo juega todo y el pueblo decide. Marcos no decide, comunica, desde la vanidad o no, pero lo hace con efectividad para la lucha.

Marcos no es indígena. Cuenta la leyenda que es un tipo de Monterrey que estudió antropología en la UNAM, se enamoró de la dignidad de los pueblos mayas y se fue a vivir allí. Conoció la vida y el día a día de la miseria y la injusticia, cuya raíz el pueblo identificaba a la perfección (más de 500 años de lucha dan la experiencia suficiente). Habló con el Viejo Antonio. Un líder de los de verdad, surgido, formado y politizado en la experiencia del verdadero sufrimiento y la opresión. El Viejo Antonio le compartió esa experiencia, Marcos la tomó y le dio forma, la recodificó, sin alterar su esencia, para que fuera comprendida en todo el mundo.

Mientras tanto la lucha física también se llevaba a cabo. El último recurso de un pueblo es tomar las armas. Cuando se llega a ellas es porque se prefiere la muerte a una vida indigna.

Y mientras Marcos escribía, hombres y mujeres tomaban los fusiles y su sabiduría de pobres (la verdadera lucha de clases), se cubrían el rostro* para ocultar la identidad, no sólo para protegerse sino para no poner cara, icono, a la revolución.

*Si quieres saber más sobre por qué los zapatistas llevan pasamontañas lee “Morir para Vivir”, Relatos del Viejo Antonio.

Ese tejido social creado desde la base, desde el camino pedagógico del proceso político de base, es fundamental en el zapatismo, sin él no hay buen comunicador que construya. El error del Gobierno de México y de la política internacional es el mismo problema de la clase política de siempre. No bajan a ver la realidad, no constituyen parte de ella. Necesitan simplificar el fondo de los conflictos para que pueda caber en algún tipo de moral. No tienen en cuenta la complejidad y esto los rebaja al propio interés, ficha dorada sobre cualquier otra variable.

Una de las maneras de diseccionar y parcializar un conflicto es la señalación de líderes o “responsables”. La opresión a la comunidad a través de individuos (iconos) es fundamental para el tipo de lucha que el sistema domina. Pueden oprimir, torturar, matar, a las personas que identifican como el liderazgo real, entonces crearían héroes. También pueden intentar crear y corromper líderes, del tipo que ellos entienden. Por eso, la personificación del liderazco comunicativo convertido a líder sacro es peligrosa.

Pablo-iglesias zapatista

Una vez contextualizada, argumento mi posición respecto a Pablo Iglesias y la situación política en España.

Considero de una vanidad asombrosa que Pablo Iglesias se equipare al subcomandante Marcos y a sus capacidades comunicativas. Por otro lado, el contexto político en España no es comparable al proceso político en el cual se enmarca la revolución zapatista.

Allí la situación de opresión es histórica. No se conoce otra, el pueblo ha vivido siempre así. No lo ha perdido, nunca lo ha ganado, pero siempre lo ha exigido y luchado.

Aquí se han delegado las decisiones políticas hasta un grado de irresponsabilidad social. Se ha comprado una transición descafeinada y anestesiado la lucha de fondo, tras la guerra y la dictadura, con concesiones de derechos para un Estado del Bienestar. España se subió al barco de los países “potencia democrática” anhelando aquel sentimiento de Imperio que este país de picaresca se ha negado a reeducar.

Y como no se educó, viendo la posibilidad de sentirse grande en el quiero y no puedo de la flota europea, comenzó a delegar.

¡Qué situación tan cómoda! Conseguidos los derechos mínimos para un Estado del Bienestar y con prosperidad económica, este país parecía olvidarse de otras cuestiones sin curar en su pasado.

¡Tres legislaturas sociatas! Qué manera de entrar en la democracia…

Mientras tanto en el norte había brechas abiertas desde hace siglos y los medios represores franquistas no habían cambiado de métodos, eran las mismas personas… Los GAL no fueron un gran problema, si acaso un revuelo mediático para evidenciar la corruptela que se empezaba a llevar a cabo. Y, previniendo el sarcasmo, los etarras, son etarras, no personas, tampoco era tan grave…

Lo dicho, un tren a toda velocidad (anda, ¡mira, el AVE!), disfrutando de la comodidad y la facilidad de pedir créditos. Mientras miraban el paisaje, los de siempre les robaban la cartera y la dignidad.

Tuvo que llegar 2011 para que la gente volviera a oír hablar de asambleas, de empoderamiento ciudadano, de política fuera de los partidos y sindicatos… Eso es de ser poco espabilaos. No es una lucha comparable.

Ahora bien, si parece que las evidencias de este conflicto son suficientes para reclamar, ¿qué medios se van a tomar?

En la lucha de base, la gente que ha luchado siempre sigue haciéndolo. Manteniéndose al pie del cañón para no perder lo poco que se consiguió, o encerrándose, a veces de forma impenetrable, no vaya a ser que nos se cuestione algo y haya que cambiar la etiqueta… Tristemente son las mismas tantasmil caras de siempre.

Y luego está la masa, informada, desinformada, reinformada, multinformada… saturada.

Véase el artículo: ¿Por qué no estalla una revolución?

http://gazzettadelapocalipsis.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

¿Es necesario hablar en el idioma que esa tan bien tragada transición nos ha regalado? Si nos tragamos la democracia, sí. Si no, ya veremos… habrá que hacer algo, ¿no?

¿Es por tanto loable una iniciativa como Podemos? Es necesaria. España no parece capaz de acercarse a la responsabilidad política de base de forma masiva, así que habrá que creerse lo de la social democracia europea para tener la fiesta en paz.

¿Es Pablo Iglesias un líder? Es un líder de opinión, incluso un buen candidato a líder comunicativo. De momento, tertuliano y profesor (que no está mal para que te escuchen). Hay que darle una oportunidad a los procesos políticos de la gente. De ahí, a compararse con la revolución zapatista… creo que queda mucho camino.

La estrategia es buena, pero cuidado con caer en iconos, es el bastión perfecto para el contrataque del sistema hegemónico. Basta con dejar corromper, comprar el icono o… desprestigiarlo hasta el estigma, que eso a los medios de masas se les da de lujo. Y a Pablo Iglesias ponerse cachondo pensando en el poder, también.

Soltada la parrafada, buen inicio de semana y a no perder la esperanza.

A lo largo de nuestro caminar por el tiempo y el mundo vivimos momentos que marcan un antes y un después. Puntos de inflexión que nos hacen crecer, aprender. Algunos son maravillosos, otros horripilantes. En eso consiste la experiencia.

Durante el viaje transitado sobre el tren de mi vida he procurado detenerme a disfrutar de cada instante que pudiera enseñarme algo nuevo. El continuo aprendizaje es una adicción maravillosa pero caprichosa, nunca hay vuelta atrás. Podrás querer olvidar o curar pero la huella siempre queda para recordarte lo que un día viviste.

Durante gran parte de este camino, me he sabido escéptica en abundancia de aspectos, especies, disciplinas y sobre todo doctrinas. Este escepticismo constante ayuda en el impulso, pero en ocasiones nubla la vista con desconfianza. Es bonito creer, soñar… a veces es real.

Traigo pues, uno de los momentos más mágicos de mi vida.

Los tres corazones del Tutu Naku.

Los tres corazones del Tutu Naku.

Tutu Naku, los Tres Corazones.

‘Tutu’ son tres y ‘Naku’ significa corazón. Según los preceptos de su imaginario social el pueblo totonaco se autodenomina gente de tres corazones, haciendo referencia a una ética social básica fundamentada en el respeto. Un corazón para el propio cuerpo, para vivir; un corazón para el prójimo, la igual. Y el tercero para amar y respetar aquello que nos rodea y garantiza el sustento.

Entre los años 800 y 1150, la época de apogeo del imperio Totonaco, se levantó Tajín, en el actual Estado de Veracruz, México. La ciudad del trueno. Un imponente complejo arquitectónico de características particulares. La construcción de pirámides de nichos fue un ejemplo de arquitectura dinámica, que cambiaba su apariencia en función de la forma en la que la luz del sol incidía sobre ellas. La metáfora del nicho, como representación de la dualidad y la transición entre los pasos y estadíos de la vida, que a su vez se agrupaba según una numeración y ordenamiento de ciclos astronómicos (calendarios), hacía de las pirámides un imponente símbolo del paso del tiempo. Cada agrupación de nichos constituye una medida temporal distribuída en semanas, meses y años con una cuantificación diferente a la que conocemos.

El conjunto principal del Tajín está constituído por cuatro imponentes pirámides. Cada una orientada hacia uno de los cuatro puntos cardinales. Numerosas civilizaciones en todo el mundo han situado sus construcciones hegemónicas en zonas “mágicas” y con distribuciones que facilitaran o incrementaran la energía de esos lugares. La construcción de plazas delimitadas por cuatro puntos principales es un ejemplo de ello.

Antes de entrar en materia, debo explicar que unos meses antes de conocer Tajín ya había tenido un contacto con la civilización Totonaca en Cuetzalan, sierra de Puebla. Un maravilloso pueblito donde la gente mantiene sus costumbres y que no cae demasiado en la dinámica del “turismo indigenista”. Fuimos a conocer diferentes proyectos de colectivismo y comunicación dentro de una asignatura de la Universidad “Multiculturalismo y comunicación intercultural”. Entre un montón de actividades rodeadas de gente alucinante cargada de dignidad, visitamos los restos del complejo arquitectónico totonaco Yohualichan. Nuestro guía nos invitó a sentarnos en la zona central y guardar silencio. Una extraña calma nos recorrió, después cada quien siguió paseando centrada en su imaginario y la chachara del grupo se apagó.

Marzo de 2012, cumbre Tajín.

 cumbre-tajin-2012

Cumbre Tajín es un festival de música y cultura totonaca. Se hace en un recinto ferial situado cerca del complejo arquitectónico. Un ambiente genial, muy buen rollo, camping, actividades y buena música. Rico. Excepto por el impresionante despliegue policial y militar. Hay que aclarar que Veracruz es zona del Cartel de los Zetas (el más fiero y sanguinario de los Cárteles mexicanos).

Al delicioso ambiente agregamos una buena compañía, mi pirata de pelo chino y mi dulce e incansable compañera de aventuras.

La segunda noche fuimos al espectáculo de luces que realizaban en las ruinas. Mágico. Ver Tajín por primera vez en esas circunstancias es una experiencia inolvidable. Era ya inevitable volver al día siguiente… ¡qué lugar! Y así lo hicimos.

Pirámide de nichos iluminada de noche

Al día siguiente, de mañana, con el sol pegando intensamente, desayunados y sin ninguna sustancia extraña en nuestros organismos regresamos. Alucinados por la diferencia en la percepción del sitio con el cambio de luz cada quien se dedicó a su interés. Fue entonces cuando recordé las nociones de Feng Shui aprendidas de mi madre. La forma en la que conducir la energía universal en la arquitectura y decoración para lograr espacios más armónicos para vivir. No terminaba de creerme aquello, pero mi madre es una gran decoradora, así que confié. Conté la distancia entre pirámides con pasos para encontrar los flujos centrales de energía y me tumbé en el centro del complejo, como meses antes había hecho en Cuetzalan.

Una descarga de luz y calor me recorrió. El sol me oprimía con fuerza contra el suelo, como si quisiera enterrarme en aquel lugar. Y de pronto mi tez reaccionó con una sensibilidad real. Sentí como si raíces salieran de mi piel y penetraran en la tierra, haciéndome parte de ella. Mi vista se nubló de blanco intenso y mi mente comenzó a trabajar a toda máquina. Todos los problemas y conflictos que me atormentaban parecieron resolverse. Una fuerza con alta capacidad colocó todos los archivos ocultos y desordenados de mi mente regalándome una calma suprema. El momento mágico me absorbió y aturdió de una forma nueva, jamás experimentada antes. No podía explicar lo que acababa de sentir. Un orgasmo intelectual y físico se me había regalado y no tenía recursos para analizar lo sucedido.

Mi viaje.

Mi viaje.

Desde entonces decidí proponerme perder el miedo. Ser escéptica de forma responsable y creyente de forma consciente. Difuminar los límites entre el materialismo y la espiritualidad para sentirme aún más libre.

*Queda pendiente hablar de los voladores de Papantla. Otro día, extenso, para un vuelo que lo merece.

Victoria Mayapán/Pepenadora de sueños.

Hoy hace 20 años que el EZLN se levantó en armas para exigir lo irreductible en la libertad humana. Con la entrada de este nuevo año quiero compartirles un relato para cada nuevo amanecer. El viejo Antonio, cargado de la sabiduría de la edad y el sufrir, que con la ayuda de la pluma de Sup nos narra la belleza de la digna rebeldía.

” Salud y sabed que, para el amor, la cama es sólo un pretexto; para el baile, una tonada es sólo un adorno; y para luchar, la nacionalidad es sólo un accidente meramente circunstancial.”

Nuevo-Amanecer

MORIR PARA VIVIR

Toñita, viene a pedir un cuento. La Toñita ha decidido adoptar un olote (la mazorca del maíz pero ya sin el grano) y botar el ingrato conejito que no sabe vivir en el lodo. Viene la Toñita a pedir un cuento. Por lo visto no le preocupa en lo más mínimo que yo esté escribiendo y se sienta, con su olote, perdón, su muñeca en brazos. Yo empiezo a pensar una disculpa pero la Toñita no tiene trazas de aceptar nada que no sea un cuento. Yo suspiro y enciendo la pipa para darme tiempo. Entre bocanadas de humo empiezo a contar:

Una noche, una lluvia, un frío

Diciembre de 1984

El viejo Antonio mira la luz. En la hoguera el fuego espera, inútilmente, la carne del venado «cola blanca» que salimos a «lamparear» sin éxito. En la hoguera bailan los colores, hablan. El viejo Antonio mira el fuego, escucha.

Arrastrándose, apenas disputando el sonido de grillos y el balbuceo de las llamas, en las palabras del viejo Antonio se va tejiendo una historia de muy lejos, cuando eran muy mayores los mayores y los viejos del hoy andaban todavía dando tumbos en la sangre y el silencio de una hoguera, como la de esta noche, pero diez, cien, mil, un millón de noches antes de ésta sin venado y con frío, con lluvia, sin nadie que nos lleve la cuenta.

En el principio era el agua de la noche. Todo era agua, todo noche era. Andaban los dioses y los hombres como loquitos, tropezando y cayendo como viejitos bolos. No había la luz para mirarse el paso, no había tierra para acostar el cansancio y el amor. No había tierra, no había luz, no era bueno el mundo.

Entonces los dioses, en la noche, en el agua, se fueron a topar unos con otros y se enojaron y empezaron a decir palabras fuertes y grande era el enojo de los dioses porque grandes eran los dioses. Y los hombres y las mujeres, pura oreja, puro tzots’, hombres y mujeres murciélago, se escondieron del ruido de los grandes enojos de los dioses. Y entonces los dioses se quedaron solos, y cuando pasó su enojo se dieron cuenta de que solos estaban, y grande fue su pena de estarse solos y, apenados como estaban, se dieron en llorar los dioses y grande fue su llanto porque sin los hombres y mujeres los dioses solos estaban. Y lágrima y lágrima, y llanto y llanto, más agua vino al agua y no había remedio pues seguían la noche y el agua llenándose de tanta agua y noche, de la pena llorada de los dioses. Y los dioses tuvieron frío, porque estando solo se siente frío, y más si todo es agua de noche. Y pensaron los dioses en llegar a un buen acuerdo que solos no los tuviera, que trajera a salir de las cuevas a los hombres y mujeres murciélago, que trajera la luz que alumbrara el paso y la tierra trajera para acostar el amor y el cansancio. Y entonces los dioses sacaron acuerdo de ponerse a soñar juntos y llegó en el acuerdo de su corazón de soñar la luz y la tierra soñar. A soñar el fuego se pusieron y agarraron el silencio que nomás por ahí andaba y se soñaron un fuego y, en medio del silencio, del agua-noche que llenaba todo, en medio de los dioses, una herida apareció, una rajadita sobre el aguanoche, una palabrita así chiquita que se bailaba y grande se hacía y chiquita y se alargaba y gorda y flaca se ponía y se bailaba en el centro de los dioses que eran siete porque ahora se veían que eran siete y se vieron y se dieron en contarse y se llegaron al siete porque eran siete los dioses más grandes, los primeros. Y rápido se dieron los dioses en hacerle casita a la palabrita ésa que en medio bailaba, que en silencio bailaba. Y se dieron en arrimarle otras palabritas que salieron de sus sueños, y «fuego» le llamaron a esas palabritas que se bailaban, y ya juntas hablaron y se empezó a traerse la tierra y la luz alrededor del fuego, y los hombres y mujeres murciélago se salieron de las cuevas y se asomaron y se vieron y se tocaron y se amaron, y ya había luz y tierra había, y ya se miraba el paso y ya se acostaban el amor y el cansancio… en la luz… en la tierra. Y a los dioses no los vieron porque se fueron a hacer asamblea general y estaban en su champa y no salían y nadie podía entrarse porque los dioses estaban haciendo acuerdo. Y en la champa los dioses sacaron acuerdo de que el fuego no se apagara porque mucha era el agua-noche y poca la luz y la tierra.

Y se llegó en el acuerdo de llevar para arriba el fuego, para el cielo, para que el agua-noche no lo alcanzara. Y mandaron decir a los hombres y mujeres murciélago que se tuvieran dentro de las cuevas porque iban a levantar el fuego, hasta el cielo dijeron. Y una rueda hicieron los dioses en torno al fuego y echaron en discutir quién debía llevar el fuego para arriba y morirse abajo para vivir arriba y no se ponían de acuerdo los dioses porque no se querían morir abajo los dioses, y dijeron los dioses que vaya el dios más blanco, porque era el más hermoso y así el fuego sería hermoso allá arriba, pero el dios blanco fue cobarde y no quería morirse para vivir, y entonces el más negro y más feo de los dioses, el ik’, dijo que él lo llevaba para arriba al fuego y se dio en agarrarlo el fuego y se quemó con el fuego y negro se puso y gris después y blanco y amarillo y naranja después y rojo luego y fuego se hizo, y se levantó palabriando hasta el cielo y ahí se quedó redondo y en veces es amarillo y en veces naranja, rojo, gris, blanco y negro, y «sol» le pusieron los dioses y más luz se llegó para más paso mirar y más tierra se vino y el agua-noche se echó para un lado y se vino la montaña. Y el dios blanco quedó tan apenado que mucho lloraba y por mucho llorar no miró su camino y se tropezó y se dio en caer en el fuego y se levantó también al cielo, pero más triste su luz que echaba porque mucho lloraba por su cobardía y una bola de fuego triste, pálido, del color del dios blanco, se quedó a su lado del sol, y «luna» le pusieron los dioses a esta bola blanca. Pero el sol y la luna ahí nomás se estaban y no se caminaban y los dioses se miraron con pena y grande fue su vergüenza y se aventaron todos al fuego y entonces se empezó a caminar el sol y la luna se puso a irse detrás de él, para pedirle perdón dicen. Y hubo día y hubo noche y los hombres y mujeres murciélago se salieron de las cuevas y la hicieron su champa cerca del fuego y estaban siempre con los dioses de día y de noche porque de día el sol y la luna de noche. Lo que siguió después no fue acuerdo de los dioses, ellos ya se habían muerto… para vivir…

El viejo Antonio separa, con sus manos, un tizón de la hoguera. Lo deja en el suelo. «Mira», me dice. Del rojo, el tizón sigue el camino inverso que el señor negro del cuento: naranja, amarillo, blanco, gris, negro. Aún caliente, las manos callosas del viejo Antonio lo toman y me lo da. Yo trato de fingir que no me quema, pero lo suelto casi inmediatamente. El viejo Antonio sonríe y tose, lo vuelve a tomar del suelo y lo remoja en un charquito de agua de lluvia, de aguanoche. Ya frío me lo vuelve a dar.

«Toma… recuerda que el rostro cubierto de negro esconde la luz y el calor que le harán falta a este mundo», me dice y se me queda viendo.

«Vámonos», agrega mientras se incorpora, y agrega: «esta noche el «cola blanca» no vendrá, el comedero no está huellado».

Yo hago por apagar la fogata, el viejo Antonio me dice, ya con su morraleta al hombro y la chimba en la mano, «Déjalo así… con este frío hasta la noche agradece un poco de calor…».

Nos fuimos los dos, en silencio. Llovía y sí, hacía frío…

Otra noche, otra lluvia, otro frío

17 de noviembre de 1993

Décimo aniversario de la formación del EZLN. El Estado Mayor zapatista se agolpa en torno al fogón. Están los planes generales y se han avanzado detalles a nivel táctico. La tropa se ha ido a dormir, sólo los oficiales con grado de Mayor permanecen despiertos. Está también el viejo Antonio, es el único que puede franquear todas las postas zapatistas y entrar donde sea sin que nadie se atreva a impedirle el paso. La reunión formal terminó y ahora, entre bromas y anécdotas, se trazan planes y sueños. Surge el tema de los rostros cubiertos, que si paliacates, que si antifaces, que si máscaras de carnaval. Voltean a verme.

«Pasamontañas», les digo.

«¿Y cómo vamos a hacer las mujeres con el pelo largo?» pregunta y protesta Ana María. «Que lo corten su pelo» dice Alfredo.

«¡N’ombre! ¿Cómo crees? Yo digo que hasta falda deben llevar» dice Josué.

«Que lleve falda tu abuela» responde Ana María.

Moisés mira el techo en silencio y rompe la discusión con un «¿Y de qué color los pasamontañas?».

«Café… como la gorra», dice Rolando. Algún otro dice que verde. El viejo Antonio me hace una seña y me aparto del grupo. «¿Tienes el tizón de la otra noche?», pregunta. «Sí, en la mochila» respondo. «Ve por él» me dice y se encamina al grupo en torno al fogón. Cuando regreso con el tizón todos están, en silencio, en torno a la fogata y con el viejo Antonio mirando fijamente el fuego, como la noche aquella del venado «cola blanca». «Aquí está», le digo y pongo el negro tizón en su mano. El viejo Antonio me mira fijamente y pregunta: «¿Recuerdas?». Asiento en silencio. El viejo Antonio pone el tizón en medio del fuego. Primero gris, blanco, amarillo, naranja, rojo, fuego.  El tizón es ya fuego y luz. El viejo Antonio me mira otra vez y se va por entre la niebla… Todos quedamos mirando el tizón, el fuego, la luz.

«Negros», digo.

«¿Qué»?, pregunta Ana María.

Yo repito sin dejar de mirar el fuego: «Negros, los pasamontañas serán color negro…». Nadie se opone…

Otra noche, otra lluvia, otro frío

30 de diciembre de 1993

Las últimas tropas inician su marcha para tomar posición. Un camión se atasca en el lodazal, los combatientes empujan para sacarlo. El viejo Antonio se me acerca con un cigarro apagado en la boca. Se lo enciendo y enciendo la pipa con la cazuela boca abajo, técnica que inventé a fuerza de lluvias. «¿Cuándo?», pregunta el viejo Antonio. «Mañana», respondo, y agrego: «Si llegamos a tiempo…». «Hace frío…» dice él y se cierra la vieja chamarra. «Mmmmh» respondo. Forja otro cigarro mientras me dice: «Necesita algo de luz y calor esta noche». Le sonrío mientras le muestro el pasamontañas negro. Lo toma en sus manos, lo examina, me lo devuelve. «¿Y el tizón?» pregunta. «Se hizo fuego esa noche… no quedó nada» le digo apenado. «Así es de por sí» dice el viejo Antonio con la voz quebrada. «Morir para vivir» dice y me da un abrazo. Se pasa la manga por los ojos y murmura «llueve mucho, ya me mojé hasta los ojos». El camión se desatascó y me llaman, volteo a despedirme del viejo Antonio. Ya no estaba…»

Toñita se levanta para irse. «Falta el beso», le digo. Se acerca y rápido me pone el olote en la mejilla, se corre. «¿Y eso?» protesto. Contesta riendo: «Es tu beso pues… el cuento era para el muñeco, así que ya te dio tu beso». Se va corriendo…

Dos días después el levantamiento y con él el comienzo de un nuevo amanecer.

SALUD Y REBELDÍA.

Azorar: Conturbar, asustar, perseguir, infundir ánimo, turbar, avergonzar, irritar, encender, sobresaltar…

Removiendo conciencias, retratando realidades…

Un temblor en la pierna, un nudo en el pecho. El aliento que se corta y las lágrimas resistiéndose a salir conscientes de la verdad que nos regalan cruda y dolorosamente las compañeras del Teatro del Azoro.

Los más solos. Teatro del Azoro. Fotografía: René Figueroa

Los más solos. Teatro del Azoro. Fotografía: René Figueroa

Cuando un salvadoreño es inhabilidado por un tribunal para cumplir condena en un reclusorio del Estado, a causa de trastornos mentales, es llevado a un lugar especial: El pabellón penitenciario del hospital psiquiátrico de Soyapango.  Allí se desarrolla la historia de Los más solos.  Víctor, Cerebro, Choreja y Levy son cuatro condenados enfermos mentales que a través de su locura nos muestran la realidad de una sociedad violenta y desquiciada, heredera de una guerra que marcó para siempre a un país, El Salvador.

Pabellón penitenciario del Hospital Psiquiátrico de Soyapango. Fotografía: Pau Coll

Pabellón penitenciario del Hospital Psiquiátrico de Soyapango. Fotografía: Pau Coll

Pamela, Paola, Alicia y Egly son las mujeres que con fuerza se arraigan en la vida de estos loquitos, haciéndola suya, propia. A través de su metamorfosis nos llevan durante un rato al interior de la caverna de los horrores para enseñarnos lo necesario. La exigencia moral de visibilizar al mundo una veta de las muchas realidades de un convulso paisito centroamericano que recoge las consecuencias de la locura y violencia humana.

La rigidez, el vaivén de los cuerpos, la repetición de muletillas, la tensión de las manos, los tics. Los lamentos.

Descanso. Pabellón penitenciario del Hospital Psiquiátrico de Soyapango. Fotografía: Pau Coll.

Descanso. Pabellón penitenciario del Hospital Psiquiátrico de Soyapango. Fotografía: Pau Coll.

Basada en la crónica de Carlos Martínez La caverna de Choreja, para ElFaro, y tras una investigación vivencial de nueve meses por parte de las azoreras, nace una magnífica pieza de teatro documental que no deja a nadie indiferente. La energía que derrochan, la transfiguración de los cuerpos y la forma más directa para contar una historia, hacen de esta obra un imprescindible en materia de justicia social.

Con el corazón en la mano, consciente de la dureza y verdad engendradas en este proyecto, agradeciendo el trabajo de todo el equipo que lo ha hecho posible, apenas cabe decir que ojalá este sólo sea el comienzo.

Fuerza y ánimo para seguir azorando almas y conciencias.

Los más solos. Teatro del Azoro. Fotografía: René Figueroa.

Los más solos. Teatro del Azoro. Fotografía: René Figueroa.

Para más información pueden consultar:

La Caverna de Choreja

El Hospital con Barrotes

Teatro del Azoro FB Twitter

“No nos vamos, nos echan” es el lema que se repite y mueve por las redes sociales en referencia a los jóvenes españoles. Navegando por la agenda de mi teléfono móvil, en la inercia de un gesto movido por el aburrimiento, poco a poco me percato de que casi la mitad de mis contactos ya no se encuentran en España. Compañeros y compañeras del Colegio, el Instituto, la Universidad, amigos que por circunstancias traspasan fronteras intentando recuperar un futuro negado en un contexto generacional que ya forma parte de la normalidad.

Según los estudios del Instituto Nacional de Estadística la tasa de paro juvenil, los menores de 26 años, supera el 55%. Una cifra escalofriante que nos hace plantearnos por qué en un país que necesita incrementar su producción interna y el número de nuevos contribuyentes se da esta situación. Las razones son varias:

En los años de bonanza económica se dieron dos procesos fundamentales en la canalización de la actividad para los que formamos parte del rango social denominado “juventud”. Por un lado, con el boom inmobiliario, muchos jóvenes dejaron los estudios para comenzar a trabajar en la construcción con contratos precarios que encubrían una boyante economía sumergida. Por otro lado, los jóvenes que decidieron continuar sus estudios los enfocaron hacia carreras denominadas “útiles” (sin tener en cuenta su vocación) o invirtieron mucho tiempo y esfuerzo en formarse como buenos profesionales con especialización.

Con el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, la demanda de mano de obra en el sector de la construcción se desplomó. Al mismo tiempo el consumo descendió y la mala gestión de empresas e instituciones tomó como única salida el despido, prescindiendo del empleo de la capa social inferior, que es precisamente la única capaz de reactivar la economía en este contexto. De esta forma, miles de jóvenes españoles que abandonaron sus estudios por un ascenso laboral rápido, aunque de baja formación, se han visto hundidos en un mar de incertidumbre que pocas salidas tiene para ellos. Quienes continuaron su formación, esos miles denominados la generación mejor preparada de la historia, se ven ahora en un entorno improductivo que no tiene un lugar para ellos en la errónea dinámica que rige nuestro país.

Y yo me planteo, ¿por qué si España es un país con tanto potencial intelectual no es aprovechado? Me arriesgo a formular que se trata de un problema estructural, no sólo político o institucional, sino de calado social.

España ha sido un país con un gran potencial intelectual a lo largo de la historia. Sin embargo, en los grandes momentos de avance en el conocimiento, las ciencias experimentales, la filosofía y las nuevas ciencias sociales, un frente muy poderoso en la cultura de este país siempre ha puesto freno a ese desarrollo, estancándolo en una Edad Media permanente. Ya sea a través de monarquías absolutas, dictaduras disfrazadas o dictadura férrea y explícita, el conocimiento y el avance científico han sido calificados como valores de segunda en España. Por ejemplo, en el siglo XX, mientras en países como Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos la ciencia antropológica comenzaba a desarrollarse bajo diversos paradigmas, aquí los estudios sobre etnografía y etnología se limitaban a retratos costumbristas, ya que aquellos aventurados en las ciencias del pensamiento y el análisis social eran vistos como peligrosos e indignos por sus acercamientos a teorías políticas marxistas o anarquistas y relegados al exilio.

La actitud de rechazo a lo erudito, que se manifiesta hoy también con el desprecio a esta nueva generación de jóvenes preparados, no hace sino alimentar una idiosincrasia basada en un país de pandereta y mantilla. Si a eso agregamos unas lógicas sociales basadas en la pérdida de valores colectivos en pro del beneficio económico, superficial e individualista del consumo compulsivo, nos vemos en una sociedad alienada que vive por y para la apariencia. El cáncer de la corrupción institucional no es más que un reflejo a gran escala de la picaresca nacional que supone la pérdida del respeto social.

Los cimientos de esta debacle cultural están en la educación. Es imposible construir una sociedad equitativa, de justicia social y oportunidades con la carencia de un pensamiento crítico real e informado.

El modelo educativo español es un modelo conductista, basado en el aprendizaje por repetición y asimilación de paradigmas irrevocables e incuestionables. El conocimiento humano sólo evoluciona desde la autocrítica, que no es posible si quienes aprenden por primera vez no tienen oportunidad de investigar o replantear las lógicas del aprendizaje. No es una casualidad que los Estados construyan un entretejido de base enfocado a la elaboración de individuos similares que encajen en un sistema establecido como ladrillos en un muro. Una educación unificadora es necesaria desde el punto de vista del aporte y el crecimiento colectivo, pero no desde la censura al enriquecimiento intelectual por el miedo a la ruptura de principios sistémicos que nada tienen en cuenta al ser humano.

Durante la educación Primaria se tiende a reprimir la creatividad, a inyectar los prejuicios sociales, a hacer creer a los niños que no saben y no tienen nada que aportar a un mundo ya construido. En la Secundaria, la selección de contenidos y su enfoque parcial, etnocentrista, promulgado desde la imposición, despierta el rechazo al estudio. Los métodos desmoralizan y generan una aversión al aprendizaje, fruto de la falta de motivación en un sistema educativo obsoleto que se reforma sólo para modular las preferencias ideológicas de los partidos políticos de turno. Durante el Bachillerato se plantea por primera vez el componente vocacional. ¿Qué quieres ser? ¿Cuál será tu papel en esta sociedad? El problema es que la falta de orientación y la exigencia de optar por estudios “de utilidad”, en lugar de aportar clarificaciones convierten esta etapa en una fase de distribución a la demanda de los estudios universitarios. Finalmente, al llegar a la Universidad se descubre la primera parcela real de formación personal, que tras una vida educativa alienante poco puede hacer ya. Más aún si los nuevos modelos de formación universitaria se rigen por los mismos principios conductistas, enfocados a un modelo de productividad mercantil, en lugar de a una distribución de profesionales que hagan funcionar la sociedad de forma más eficiente en un sentido colectivo.

Juventud sin futuroPese a todo, existe un grueso de la juventud que ha logrado formarse para un futuro profesional que aporte a esta sociedad. ¿Por qué ha de ser rechazado todo ese esfuerzo otra vez? Creen que pueden engañarnos, silenciarnos o simplemente obviarnos. Sin embargo, las instituciones y la sociedad deben tomar conciencia de que un nuevo rechazo a una generación educada traerá graves consecuencias para el país. Se agravarán los problemas estructurales y será más difícil para España salir de la situación en la que se encuentra. Habrá un envejecimiento de la población y una pérdida del rango productivo de esta generación que hará insostenible un sistema de pensiones o seguridad social.

Es necesario cambiar las lógicas educativas. Imprescindible crear sujetos activos con capacidad de pensamiento crítico que cuestionen y reformulen los paradigmas obsoletos que pretenden perpetuar un estado de injusticia social. Existe una urgencia por desvelar y afrontar los problemas que atañen a este país desde alternativas específicas y positivas. Pero todo esto sólo es posible desde la inclusión en este proceso de esta generación. “La generación mejor preparada de la historia” se siente excluída, ninguneada, con la única posibilidad de tomar un avión que la lleve a algún sitio donde poder desarrollar un rol útil para la sociedad, para poder vivir.

Pepenadora de sueños/Ladamedeglace/Victoria Mayapán

Llovía. Se oía un leve palpitar de pequeñas gotas sobre los adoquines. Mientras tanto, la frescura del cielo resbalaba por mis mejillas.

-Me encanta la lluvia – pensé al tiempo que observaba al móvil bosque de paraguas que bullía a mi alrededor.

Estaba empapada de pies a cabeza, pero eso no me importaba. Aquella sensación era incomparable. Nunca comprendí por qué la gente huye de la lluvia.

– Le tienen miedo – me decía mentalmente.

Miré mi reloj.

– ¡Vaya! – exclamé en voz alta.

Había perdido la noción del tiempo. Seguramente Shamir estaría esperándome desde hace un rato. Corrí hacia casa, sin reparar en los charcos que rompía bajo mis pies. Allí estaba él, en el portal, con una sonrisa tatuada en la cara y chorreando, como yo.

– Creí que ya no vendrías… Además como estaba lloviendo pensé que quizás preferirías dejarlo para otro día… – masculló tímidamente.

Di una carcajada y me quedé sonriéndole a los ojos.

– Subamos antes de que se nos escape el atardecer. – dijo evitando mi mirada.

Le agarré de la mano, entramos en el edificio y, adelantándome a que su dedo pulsara el botón de ascensor, corrí escaleras arriba, diez plantas.

Cuando llegamos al ático sentí como el corazón quería escapárseme por la boca. Shamir tenía cara de querer ajusticiarme, pero simplemente me abrazó.

Las vistas eran fascinantes. El ocaso teñía de colores la gris ciudad. Tal vez por eso me gusten tanto los atardeceres.

Finalmente, el sol se marchó y, con él, Shamir.

– Compañera, se hace tarde, tengo que irme… – susurró tristemente.

Me acogió en sus brazos unos segundos y se fue sin mirar atrás. Entonces lo comprendí. Se iba para siempre.

Pasaron días, y yo seguía allí, mirando nacer y morir el sol una y otra vez.

Por fin, una tarde de viernes me decidí a salir. Las aceras estaban repletas de gente caminando en sentido contrario al que marcaban mis pies. Me sentía sola, rodeada en multitud. El cielo rompió a llorar, como si se entristeciera por mí y yo, sin más, sonreí de nuevo. Shamir estaba en la lluvia que caía en mi piel. Allí me quedé, calándome hasta los huesos con su recuerdo.

Ladamedeglace.

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