Recuerdo la mirada de un anciano saharaui que contaba ya más de 60 años. Llevaba postrado en una cama desde 1982, con las dos piernas mutiladas, una grave lesión de espalda y un brazo insensibilizado. Cuando yo lo conocí, llevaba 28 años acostado, pero no inmóvil. Su espíritu de lucha me conmovió. Recuerdo que las personas que estábamos en la habitación escuchando su historia nos mirábamos pensando que quizás para tener una vida así mejor perderla. Alguien se atrevió y preguntó con dureza:


-¿No ha pensado alguna vez que mejor hubiera muerto en la guerra?


-Nunca. Soy un afortunado, porque sé que llegaré a ver mi pueblo libre. No me moriré hasta volver a nuestra tierra.

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Estalló en mi pecho un dolor cargado de esperanza. Ese impulso por reclamar la justicia es lo que me mantiene en la lucha.

Quien es capaz de perderlo todo por  hacer crecer su lucha es porque defiende algo justo. 


Quien se apropia de la palabra libertad para defender lo injusto, cambiará de bando cuando las cosas se pongan feas y la traición será su método.

Centro saharaui para la ayuda a las víctimas de minas y lisiados de guerra. Campamentos de refugiados saharauis de Tindouf (Argelia)

Muhamed Fadel está postrado en una cama desde 1982, cuando una mina anticarro explotó a su paso causándole una fractura en la columna vertebral. Cuando la mina anticarro truncó la vida de Muhamad Fadel, Marruecos y el Frente Polisario aún estaban en guerra. Muhamed, sin embargo, era un civil que viajaba en su coche. Su acompañante murió en el acto. Este hombre de 62 años sólo puede mover “ligeraramente” la mano derecha y “muy poco” el cuello. Aún así, sus cuidadores aseguran que se encuentra con “la moral alta” y “consciente de lo que sucede en el mundo”.

Mutilados saharauis en una guerra que no existe – Cuartopoder.es

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