Victoria es mi pseudónimo, mi pen-name que dirían los angloparlantes. Es una máscara, un personaje, un alterego. Cuando Victoria Mayapán publica, su pluma es más libre, arriesgada, personal. Es la representación de un yo valiente, decidido y satisfecho que ha encontrado su parcela y su público. Una personalidad veraz, con un nombre distinto al que dicta el registro, pero mío igualmente.

Nunca me he sentido cómoda de firmar mis trabajos y siempre he adorado los concursos con juicios a ciegas. No es que no me sienta orgullosa de lo que hago (aunque siempre sea mejorable, tirando de autoexigencia), sino que valoro el contenido por encima de la firma. De esta forma los prejuicios lo tienen más complicado. No tengo nada que esconder, me seduce el anonimato. (Pero hay que reconocer que de algún modo el orgullo se infla cuando la Mayapán se apunta una victoria o reconocimiento).

Ilustración de Shepard Fairey aka OBEY

Ilustración de Shepard Fairey aka OBEY

Víctor y Victoria

Pura fuerza, sonoridad y semántica inundan ambos nombres. ¿Por qué no alzarse con ella? Sí, en forma de nombre periodístico real, activista, analista y contextual para poder cosechar después pequeños logros pedagógicos y comunicativos.

“Víctor Jara no murió”, escuchaba en canciones de mi adolescencia a las que seguía un “Te recuerdo Amanda”. Con alguna lágrima incipiente me sentía grande portando un nombre tan revolucionario. Tenía que agradecer el regalo y devolver el homenaje, por lo que siempre busqué poner un Víctor en mi vida. Compañero o fruto, semilla de futuro. Me di cuenta que debía hacerlo yo, debía agarrar ese estandarte, gritar que también hubo Victorias y Violetas que trabajaron y cantaron su lucha. Por eso lo adopté, para hacerlo grande, para hacerme grande, clandestina y sincera.

Mayapán, el pendón de la Maya

Ya no recuerdo si era invierno o verano, en el tropical molino granaíno no se siente mucho el frío y el sol pega con gusto. En una charla de esas infinitas en el porche surgió el punto sobre esa preocupación a la hora de firmar. Tras la cual había también una sensación de que mi nombre auténtico no tenía la fuerza sonora ni el jalón suficiente para ser una buena firma.

– A ver, ¿y cómo te quieres llamar, mayita? – dijo Marta que acostumbraba a llamarme así.

– Amanda me encanta, pero ya sabes lo mucho que me gustan los pseudónimos…

Entre unas cosas y otras, hablando de los mayas, el diccionario de símbolos, espirales y otros menesteres, apareció sobre la mesa la palabra “Mayapán”.

– El pendón de la maya, significa. Te va al pelo, monicaca.

Nos reímos y decidí combinar ese sonoro Mayapán con aquella Victoria. Después descubrí que Mayapán había sido una importante dinastía dentro del Imperio Maya, mejor todavía. Estaba tan contenta y satisfecha con el personaje que lo hice tan mío que soy yo.

Por todo ello, Victoria Mayapán existe y yo existo con ella, prestándole mi pluma cargada de Comunicación.

Amanda/Pepenadoradesueños/Victoria Mayapán.

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