Reflexiones de lunes por la mañana. Tras un fin de semana rico en debates, en el que surgió una demanda de mi posicionamiento sobre la iniciativa Podemos y la implicación de Pablo Iglesias, me he encontrado con este discurso sobre el liderazgo, del propio Pablo Iglesias.

Video: “¿Necesitamos líderes?”

Esto puede servir para explicar por qué no soy tan crítica con la iniciativa “Podemos” y con que Pablo Iglesias se “abandere” como líder. Aunque también me genere pavor el personalismo de un tipo que le encanta mirarse al espejo.

Su reflexión es una declaración de intenciones basada en un análisis de la figura de líder comunicativo en la política que surge “desde abajo y a la izquierda” (citando al Subcomandante Marcos). Se trata de una estrategia interesante y efectiva, en el sentido de llegar a un amplio espectro de población. Gente que no tiene una trayectoria activa en su proceso de responsabilidad política y acepta el sistema electoral (como parte del proceso o como única vía de participación, eso ya a decisión propia).

Mi cuestionamiento frente a esto, gira entorno al entendimiento del concepto de liderazgo y al riesgo del personalismo político. Para ello intentaré explicarlo desde mi conocimiento sobre zapatismo.

Yo me enamoré del zapatismo gracias a la pluma del Sup. La manera de construir formas y discursos políticos complejos, contextuales, emocionales y analistas es increíble. Comprendes el problema, la raíz. Las soluciones parecen evidenciarse cuando el germen del conflicto es desvelado. Sin embargo, el zapatismo no es Marcos. Marcos es el escriba, el líder mediático, el guía comunicativo. Alrededor de esa piedra angular se despliega un complejo tejido de dignidad y espíritu de lucha popular.

El pueblo se lo juega todo y el pueblo decide. Marcos no decide, comunica, desde la vanidad o no, pero lo hace con efectividad para la lucha.

Marcos no es indígena. Cuenta la leyenda que es un tipo de Monterrey que estudió antropología en la UNAM, se enamoró de la dignidad de los pueblos mayas y se fue a vivir allí. Conoció la vida y el día a día de la miseria y la injusticia, cuya raíz el pueblo identificaba a la perfección (más de 500 años de lucha dan la experiencia suficiente). Habló con el Viejo Antonio. Un líder de los de verdad, surgido, formado y politizado en la experiencia del verdadero sufrimiento y la opresión. El Viejo Antonio le compartió esa experiencia, Marcos la tomó y le dio forma, la recodificó, sin alterar su esencia, para que fuera comprendida en todo el mundo.

Mientras tanto la lucha física también se llevaba a cabo. El último recurso de un pueblo es tomar las armas. Cuando se llega a ellas es porque se prefiere la muerte a una vida indigna.

Y mientras Marcos escribía, hombres y mujeres tomaban los fusiles y su sabiduría de pobres (la verdadera lucha de clases), se cubrían el rostro* para ocultar la identidad, no sólo para protegerse sino para no poner cara, icono, a la revolución.

*Si quieres saber más sobre por qué los zapatistas llevan pasamontañas lee “Morir para Vivir”, Relatos del Viejo Antonio.

Ese tejido social creado desde la base, desde el camino pedagógico del proceso político de base, es fundamental en el zapatismo, sin él no hay buen comunicador que construya. El error del Gobierno de México y de la política internacional es el mismo problema de la clase política de siempre. No bajan a ver la realidad, no constituyen parte de ella. Necesitan simplificar el fondo de los conflictos para que pueda caber en algún tipo de moral. No tienen en cuenta la complejidad y esto los rebaja al propio interés, ficha dorada sobre cualquier otra variable.

Una de las maneras de diseccionar y parcializar un conflicto es la señalación de líderes o “responsables”. La opresión a la comunidad a través de individuos (iconos) es fundamental para el tipo de lucha que el sistema domina. Pueden oprimir, torturar, matar, a las personas que identifican como el liderazgo real, entonces crearían héroes. También pueden intentar crear y corromper líderes, del tipo que ellos entienden. Por eso, la personificación del liderazco comunicativo convertido a líder sacro es peligrosa.

Pablo-iglesias zapatista

Una vez contextualizada, argumento mi posición respecto a Pablo Iglesias y la situación política en España.

Considero de una vanidad asombrosa que Pablo Iglesias se equipare al subcomandante Marcos y a sus capacidades comunicativas. Por otro lado, el contexto político en España no es comparable al proceso político en el cual se enmarca la revolución zapatista.

Allí la situación de opresión es histórica. No se conoce otra, el pueblo ha vivido siempre así. No lo ha perdido, nunca lo ha ganado, pero siempre lo ha exigido y luchado.

Aquí se han delegado las decisiones políticas hasta un grado de irresponsabilidad social. Se ha comprado una transición descafeinada y anestesiado la lucha de fondo, tras la guerra y la dictadura, con concesiones de derechos para un Estado del Bienestar. España se subió al barco de los países “potencia democrática” anhelando aquel sentimiento de Imperio que este país de picaresca se ha negado a reeducar.

Y como no se educó, viendo la posibilidad de sentirse grande en el quiero y no puedo de la flota europea, comenzó a delegar.

¡Qué situación tan cómoda! Conseguidos los derechos mínimos para un Estado del Bienestar y con prosperidad económica, este país parecía olvidarse de otras cuestiones sin curar en su pasado.

¡Tres legislaturas sociatas! Qué manera de entrar en la democracia…

Mientras tanto en el norte había brechas abiertas desde hace siglos y los medios represores franquistas no habían cambiado de métodos, eran las mismas personas… Los GAL no fueron un gran problema, si acaso un revuelo mediático para evidenciar la corruptela que se empezaba a llevar a cabo. Y, previniendo el sarcasmo, los etarras, son etarras, no personas, tampoco era tan grave…

Lo dicho, un tren a toda velocidad (anda, ¡mira, el AVE!), disfrutando de la comodidad y la facilidad de pedir créditos. Mientras miraban el paisaje, los de siempre les robaban la cartera y la dignidad.

Tuvo que llegar 2011 para que la gente volviera a oír hablar de asambleas, de empoderamiento ciudadano, de política fuera de los partidos y sindicatos… Eso es de ser poco espabilaos. No es una lucha comparable.

Ahora bien, si parece que las evidencias de este conflicto son suficientes para reclamar, ¿qué medios se van a tomar?

En la lucha de base, la gente que ha luchado siempre sigue haciéndolo. Manteniéndose al pie del cañón para no perder lo poco que se consiguió, o encerrándose, a veces de forma impenetrable, no vaya a ser que nos se cuestione algo y haya que cambiar la etiqueta… Tristemente son las mismas tantasmil caras de siempre.

Y luego está la masa, informada, desinformada, reinformada, multinformada… saturada.

Véase el artículo: ¿Por qué no estalla una revolución?

http://gazzettadelapocalipsis.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

¿Es necesario hablar en el idioma que esa tan bien tragada transición nos ha regalado? Si nos tragamos la democracia, sí. Si no, ya veremos… habrá que hacer algo, ¿no?

¿Es por tanto loable una iniciativa como Podemos? Es necesaria. España no parece capaz de acercarse a la responsabilidad política de base de forma masiva, así que habrá que creerse lo de la social democracia europea para tener la fiesta en paz.

¿Es Pablo Iglesias un líder? Es un líder de opinión, incluso un buen candidato a líder comunicativo. De momento, tertuliano y profesor (que no está mal para que te escuchen). Hay que darle una oportunidad a los procesos políticos de la gente. De ahí, a compararse con la revolución zapatista… creo que queda mucho camino.

La estrategia es buena, pero cuidado con caer en iconos, es el bastión perfecto para el contrataque del sistema hegemónico. Basta con dejar corromper, comprar el icono o… desprestigiarlo hasta el estigma, que eso a los medios de masas se les da de lujo. Y a Pablo Iglesias ponerse cachondo pensando en el poder, también.

Soltada la parrafada, buen inicio de semana y a no perder la esperanza.

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