A lo largo de nuestro caminar por el tiempo y el mundo vivimos momentos que marcan un antes y un después. Puntos de inflexión que nos hacen crecer, aprender. Algunos son maravillosos, otros horripilantes. En eso consiste la experiencia.

Durante el viaje transitado sobre el tren de mi vida he procurado detenerme a disfrutar de cada instante que pudiera enseñarme algo nuevo. El continuo aprendizaje es una adicción maravillosa pero caprichosa, nunca hay vuelta atrás. Podrás querer olvidar o curar pero la huella siempre queda para recordarte lo que un día viviste.

Durante gran parte de este camino, me he sabido escéptica en abundancia de aspectos, especies, disciplinas y sobre todo doctrinas. Este escepticismo constante ayuda en el impulso, pero en ocasiones nubla la vista con desconfianza. Es bonito creer, soñar… a veces es real.

Traigo pues, uno de los momentos más mágicos de mi vida.

Los tres corazones del Tutu Naku.

Los tres corazones del Tutu Naku.

Tutu Naku, los Tres Corazones.

‘Tutu’ son tres y ‘Naku’ significa corazón. Según los preceptos de su imaginario social el pueblo totonaco se autodenomina gente de tres corazones, haciendo referencia a una ética social básica fundamentada en el respeto. Un corazón para el propio cuerpo, para vivir; un corazón para el prójimo, la igual. Y el tercero para amar y respetar aquello que nos rodea y garantiza el sustento.

Entre los años 800 y 1150, la época de apogeo del imperio Totonaco, se levantó Tajín, en el actual Estado de Veracruz, México. La ciudad del trueno. Un imponente complejo arquitectónico de características particulares. La construcción de pirámides de nichos fue un ejemplo de arquitectura dinámica, que cambiaba su apariencia en función de la forma en la que la luz del sol incidía sobre ellas. La metáfora del nicho, como representación de la dualidad y la transición entre los pasos y estadíos de la vida, que a su vez se agrupaba según una numeración y ordenamiento de ciclos astronómicos (calendarios), hacía de las pirámides un imponente símbolo del paso del tiempo. Cada agrupación de nichos constituye una medida temporal distribuída en semanas, meses y años con una cuantificación diferente a la que conocemos.

El conjunto principal del Tajín está constituído por cuatro imponentes pirámides. Cada una orientada hacia uno de los cuatro puntos cardinales. Numerosas civilizaciones en todo el mundo han situado sus construcciones hegemónicas en zonas “mágicas” y con distribuciones que facilitaran o incrementaran la energía de esos lugares. La construcción de plazas delimitadas por cuatro puntos principales es un ejemplo de ello.

Antes de entrar en materia, debo explicar que unos meses antes de conocer Tajín ya había tenido un contacto con la civilización Totonaca en Cuetzalan, sierra de Puebla. Un maravilloso pueblito donde la gente mantiene sus costumbres y que no cae demasiado en la dinámica del “turismo indigenista”. Fuimos a conocer diferentes proyectos de colectivismo y comunicación dentro de una asignatura de la Universidad “Multiculturalismo y comunicación intercultural”. Entre un montón de actividades rodeadas de gente alucinante cargada de dignidad, visitamos los restos del complejo arquitectónico totonaco Yohualichan. Nuestro guía nos invitó a sentarnos en la zona central y guardar silencio. Una extraña calma nos recorrió, después cada quien siguió paseando centrada en su imaginario y la chachara del grupo se apagó.

Marzo de 2012, cumbre Tajín.

 cumbre-tajin-2012

Cumbre Tajín es un festival de música y cultura totonaca. Se hace en un recinto ferial situado cerca del complejo arquitectónico. Un ambiente genial, muy buen rollo, camping, actividades y buena música. Rico. Excepto por el impresionante despliegue policial y militar. Hay que aclarar que Veracruz es zona del Cartel de los Zetas (el más fiero y sanguinario de los Cárteles mexicanos).

Al delicioso ambiente agregamos una buena compañía, mi pirata de pelo chino y mi dulce e incansable compañera de aventuras.

La segunda noche fuimos al espectáculo de luces que realizaban en las ruinas. Mágico. Ver Tajín por primera vez en esas circunstancias es una experiencia inolvidable. Era ya inevitable volver al día siguiente… ¡qué lugar! Y así lo hicimos.

Pirámide de nichos iluminada de noche

Al día siguiente, de mañana, con el sol pegando intensamente, desayunados y sin ninguna sustancia extraña en nuestros organismos regresamos. Alucinados por la diferencia en la percepción del sitio con el cambio de luz cada quien se dedicó a su interés. Fue entonces cuando recordé las nociones de Feng Shui aprendidas de mi madre. La forma en la que conducir la energía universal en la arquitectura y decoración para lograr espacios más armónicos para vivir. No terminaba de creerme aquello, pero mi madre es una gran decoradora, así que confié. Conté la distancia entre pirámides con pasos para encontrar los flujos centrales de energía y me tumbé en el centro del complejo, como meses antes había hecho en Cuetzalan.

Una descarga de luz y calor me recorrió. El sol me oprimía con fuerza contra el suelo, como si quisiera enterrarme en aquel lugar. Y de pronto mi tez reaccionó con una sensibilidad real. Sentí como si raíces salieran de mi piel y penetraran en la tierra, haciéndome parte de ella. Mi vista se nubló de blanco intenso y mi mente comenzó a trabajar a toda máquina. Todos los problemas y conflictos que me atormentaban parecieron resolverse. Una fuerza con alta capacidad colocó todos los archivos ocultos y desordenados de mi mente regalándome una calma suprema. El momento mágico me absorbió y aturdió de una forma nueva, jamás experimentada antes. No podía explicar lo que acababa de sentir. Un orgasmo intelectual y físico se me había regalado y no tenía recursos para analizar lo sucedido.

Mi viaje.

Mi viaje.

Desde entonces decidí proponerme perder el miedo. Ser escéptica de forma responsable y creyente de forma consciente. Difuminar los límites entre el materialismo y la espiritualidad para sentirme aún más libre.

*Queda pendiente hablar de los voladores de Papantla. Otro día, extenso, para un vuelo que lo merece.

Victoria Mayapán/Pepenadora de sueños.

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