Hola a ti,

seas quien seas, mujer igual que yo, no importan ni la cuna ni la leche que nos crió. No somos diferentes. Tú tienes sueños, o los tuviste, igual que yo. Yo también peco y lloro, igual que tú. La incertidumbre, el sinsabor. Todo eso que se llena de amarga hiel en tus labios, la agonía del tener que comprender tu falta de libertad. Paloma y madre, qué hiciste, qué te hicieron. No importa. Eres mujer como yo, como ella. Nosotras, sólo nosotras entendemos cómo duelen las entrañas…

Madre de uno, una, varios y todas. No apagues tu luz ni dejes que la sombra de los barrotes oxidados calen tu alma de tétanos. Ni teta, ni tuétano tienes ya para alimentar a tu vientre ni a su flor. Yo quiero escribirte, que me comprendas. Quiero comprender tu sufrir, tu culpa, tu inocencia. Quiero hacerte compañera de batallas en un mundo que no me dejará conocerte, sino tan sólo imaginarte.

Te acusan, no sé de qué, ni quiero saberlo. Privar a un ser humano de libertad, encerrarnos como animales para deshumanizar… Que solucionen tu hambre, el calzado de tus hijos y te ofrezcan un escuchante para tu frustración en lugar de preguntarse por qué hay gente “mala”. Mírense al espejo demagogos del circo de una falsa democracia. ¿De verás sirven al pueblo?

A otro perro con ese hueso, nosotras no somos perro, somos mujer, somos persona.
Ladamedeglace.
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Ansias de libertad
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